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...EL MUNDO HA DE CAMBIAR DE BASE. LOS NADA DE HOY TODO HAN DE SER " ( La Internacional) _________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

19/12/16

AMAR

Por Miguel Angel Domenech
“Amantes, amentes”
“Amantes, locos”. ( Terencio , “ Andria” 318)

 
Amor es un lugar del lenguaje donde mayor número de metáforas se acumulan. Además, esta saturación se acentúa porque  casi todas las metáforas que en ello  concurren  quieren tener el carácter de absolutas. No es de extrañar esto por cuanto el sentimiento del amor es aquel en que más típicamente se presenta y es sentida  la finitud y el desvalimiento de los humanos. En esos casos, los humanos no podemos ni queremos referirnos a  la realidad  sino solamente a través de otra cosa que la sustituya para atenuar la intensidad de ese sentimiento  que no es soportable en la realidad pues habla de nuestra fragilidad e insuficiencia  al mismo tiempo que muestra, una vez más, que al igual que el pensamiento, el sentimiento es más poderoso que la lengua.

Por eso es necesario acercarse al hecho del amor con todas las precauciones posibles  con el fin de evitar que al querer escapar del absolutismo cruel de la realidad no caigamos, como un escapismo en un  absolutismo alienante de la metáfora.

 
No hay nada más antirromántico que mantener un escepticismo cauteloso ante el hecho del amor y  rechazar a priori todo lo que tenga un aroma de absolutismo, sea por apelación a  trascendencias fuera del poder  de la mano del hombre sea por su extensión a terrenos ilimitados buscando aplicaciones al amor que hacen de él el país lingüístico y el planeta de los sentimientos  más grande del mundo.   

“L'amor che move il sole e l'altre stelle” (1)

 
Precisamente en el  asunto  de amar, el absolutismo en que  pretende erigirse se hace  excesivo, es decir su significación es tan extensa y de tantas maneras atribuible a cosas tan dispares que ,  en este caso,  el obstáculo, la aporía, sea casi insalvable. Más que todo por el cansancio que provocaría  sacar conceptos “claros y distintos” como era la regla de pensamiento de los escolásticos en la maraña de significaciones que hemos puesto encima de esta pasión y acción  humana.  
 

Es penoso, y quizás algunos se extrañen por lo inoportuno, que tenga que hacer  confesión de escepticismo cuando se aborda algo como es el  amor, entrándome así en el campo de los antirománticos, pero unos ejemplos vendrán bien en ayuda de lo que vengo a querer decir  de que una de las fuentes que alimentan mi escepticismo  es el  cansancio  de desatar un nudo  inextricable sin tener que pasar por el esfuerzo de soportar la estupidez humana, que aprieta este nudo con más fuerza que otras cosas.
 

En un slogan publicitario que tuvo éxito en los años 70 en Francia, se utilizaba el verbo  de una manera muy astuta por parte de una compañía multinacional del petróleo para publicitar sus gasolineras: “ C´est  Shell que  j´aime” . Creo que se entiende la gracia. “c´est shell, tiene el mismo sonido, en  francés que  “es ella”, con lo que se estaba diciendo que era la gasolina de esa marca el objeto de la declaración de amor. ¡Hasta tan lejos puede aplicarse la acción de amar! Tan lejos, como digo, como la propia estupidez humana presente en la frase. No es inocua la frase,  y algunos a los que se acusaba de exagerados hipersensibles de la época criticaron el vicio que escondía aquella publicidad . “¿Cómo voy a decir ahora de mi pareja que  es “celle que j´aime” sin haber depreciado mi sentimiento al nivel de la gasolina?”. Habían degenerado el mismo verbo.  En efecto, el lenguaje del amor es un sitio privilegiado de lo retorico en el peor sentido. La protesta contra la publicidad de Shell venía a recordar aquello de Klemperer.
 

“ Si alguien sustituye con suficiente frecuencia  palabras tales como “ heroico”  y “ virtuoso” por “ fanático” terminara por creer que sin fanatismo no hay heroísmo ni virtud” (2)

 
El otro ejemplo es el de una polémica municipal que surgió en el seno del Pleno de un Ayuntamiento que conozco. Tras la crítica de la oposición a una resolución que se plateaba para ser aprobada, referida a alguna inversión o proyecto de obra pública, tal como un  acerado o pavimentado de alguna calle en lugar de otra,  el concejal portavoz del grupo proponen se le ocurrió argumentar a favor de la propuesta como que no era entendida en toda su profundidad por el oponente diciendo. “Pero si esa propuesta la hacemos por amor, ¡os estáis oponiendo a un acto de amor! ”. Vemos  igualmente porque prosaicos caminos puede deslizarse  lo más sublime y viceversa. Es en efecto, el colmo de la plurivocidad de la palabra.
 

También recuerdo lo sucedido en  un tribunal de exámenes, al que yo asistía como miembro, para examinar a  quienes concursaban como  candidatos y candidatas para le puesto de cuidadores de guardería infantil. A una de las candidatas se le preguntó, como caso práctico , cómo resolvería el problema de que entre los niños se encontraste uno de ellos que era particularmente agresivo y hasta peligroso para los demás niños. La respuesta de la candidata fue inefable: “con mucho amor”. Aquí el amor sustituía a la competencia profesional e incluso podría entenderse que una actitud amoroso pudiera resolver con  éxito el asunto  enterneciendo a  juez y a parte civil  contraria  en  un procedimiento de   demanda judicial  de responsabilidad por daños de alguna padre de un niño que hubiese perdido un ojo por ejemplo,  y hasta de responsabilidad penal  por delito culposo de  negligencia .. 
Otra de las metáforas, esta vez físicas es la de identificación del amor con un órgano anatómico: el corazón. Es sorprendente esta asimilación  que sin mayores averiguaciones es relativamente reciente, pues ese sentimiento, en la antigüedad, parecía más bien estar localizado en las entrañas, pareciendo el corazón un sitio más adecuado para el pensamiento.

“ ..pues la sangre que circunda el corazón de los hombres es su pensamiento” (3)

Últimamente nos empeñamos en neustra cultura en, al expresar retóricamente un concepto  por otra realidad  con la que tiene una relación de semejanza, con servirnos del corazón con  el fin de designar al concepto amor. Esto trae muchos inconvenientes y solo para citar el de peor gusto  observemos el uso iconográfico de ese órgano sangriento para describir  el amor que remitiría  mejor a alguna patología sádica del  que en esa metafora se recrea como nos enseñan los interpretes del test de Roschard. El colmo psicopático  de la metáfora inadecuada del amor es el de esa imagen de un santo cristo con el corazón  fuera, sangrante,  ornado de espinas y con una llama añadida. Para aterrorizar al espíritu más templado.    

Podrían traerse de la misma manera multitud de ejemplos, desde los más elevados a los más prosaicos  de un lado u otro.

Tampoco nos escandalicemos ni indignemos. Los orígenes de la exageración son muy  honrosos.  Se ha de reconocer que la exaltación del amor, su consagración  como  “amour” formo parte de aquel   resurgimiento de la individualidad que se construyó en el siglo XII  en la sociedad cortés y caballeresca ,entre un público  que en cierta manera se liberaba de lo eclesiástico  como fenómeno cultural que alimento la lírica y la novela recuperando algunos ecos del mundo poético de los antiguos  por una parte y de una mayor presencia de la mujer   precisamente por esa  individualización de otra.  En ese mundo de los caballeros, de los juglares y trovadores el amor como aventura y pasión  sentimental  subrayaba un redescubrimiento de  una sensibilidad mundana y  de los valores del individuo. De aquella época es precisamente el vocablo “amour”, cuya terminación en -our revela su origen  dialectal en la lengua  occitana,  (pues en francés las terminaciones de los abstractos se hacen en –eur, como douleur, terreur, chaleur, etc). Aquella región provenzal fue uno de los lugares del amor cortés, antecedente lejano de buena parte de nuestros  amores de hoy.   
Si queremos poner las cosas más en su sitio deberíamos centrarnos en lo mínimo y no huir por las nubes alienantes de los absolutismos metafóricos nos limitaríamos a decir que amar es un sentimiento hacia otra persona que nos atrae y que procura reciprocidad en el deseo de unión. Decantando aún más: es  una  relación intersubjetiva de afecto.  
 
La mejor imagen de la intersubjetividad que nos constituye es una que trae Hans Blumenberg: la de dos astronautas que se encuentran en la luna y se miran. (4)  Ni el otro  ni en si mismos  encuentran ningún rasgo distintivo, ni vestido, ni figura, ni rostro , ni gesto,  que los diferencia y pueda decirse que ese es otro y este soy yo salvo en….la imagen de uno mismo reflejada en la pantalla de la vista del otro. Estoy y me veo  en el rostro  del otro, en el lugar en que deben de estar sus ojos,  ergo sum. Solo en el espejo del otro, me veo a mí mismo y solo soy en él.  Tan necesaria es la intersubjetividad para construir la subjetividad.

Es esta la razón por la que cuando nos dejan de amar, cuando se da el desamor, nos sucede  que  no solo   perdemos algo o alguien sino como que nos perdemos a nosotros mismos. Al desaparecer la mirada del otro, al dejar de amarnos, ya no estamos,  y pocas cosas pueden ser tan dolorosas como dejar de existir cuando se está existiendo. La reflexión de Lacan “el yo extrae su sustancia del tu que se le otorga” es particularmente oportuna aquí, pues al perder al tu que más nos otorgaba perdemos dramática y dolorosamente la sustancia propia.  Si no soy apenas más que  mi  relación con otros , sentirse amado trae consigo un  concentrado intenso de la identidad de la persona. El amor es el mundo de la apariencia ante el otro. No puedo conocerme a mi mismo sin exhibición y deseo de ser visto. Por eso el amor es tan locuaz y por eso cuando pretendo conocerme a mi mismo siento irrefrenablemente que debo decirlo a otros.  

Ese debe de ser el motivo de la necesidad de los celos imaginarios entre  amantes.  La condición de mi supervivencia es la de poder despegarme de esa dependencia y que se presente algo que la haga olvidar porque en caso contrario moriríamos de  exceso de tensión, la que se produce por la  demasiado aguda conciencia de que no existimos más que en  la persona amada, en el objeto de nuestro amor.  Es preciso, que de manera intermitente se produzca  ruptura e infidelidad  imaginada para que obtengamos una pausa de olvido y que la exacerbación del puro  sentimiento de dependencia   sea sustituido por otro sentimiento, esta vez pretendidamente fundamentado en lo racional,  esta vez apoyado en relación de hechos supuestos y razones que muestran que se da independencia.

 El otro, su opinión, y mi apariencia, mi parecer ante sus ojos construyen mi yo y mi proyecto .Tan peligroso y arriesgado y muestra de finitud  es que para ser nosotros mismos tengamos que aparecer y ser vistos que los humanos imaginamos innumerables tretas contra la apariencia. Una de ellas es contraponer ser a aparecer llamado a esta última ilusión   y a aquella autenticidad. Mostrarnos, según esta posición,  seria siempre un teatro  de falsedad frente a la veracidad de lo  genuino, lleno de sentido que se esconde. De la misma familia son el menosprecio de la doxa, la opinión que se expresa y que se dice  para ser escuchada frente a la aletheia, la verdad reservada. Esta verdad no necesita sino adhesión irresistible  cuando generosamente se revela. No necesita de afeites, elocuencia, voz , ni recursos de apariencia, sino que se impone. Lo hace en la soledad del desierto, como una llama o una zarza ardiente que da órdenes.  Por el contrario, la opinión y la apariencia necesitan del argumento, la persuasión, el esfuerzo de seducción para provocar el convencimiento. Los seres que encarnan el mundo de la doxa y  la opinión, la apariencia serían la musa Thelxínoe, la que hechiza el entendimiento y la sirena Thelxiépeia la que hechiza con las palabras, ambas vecinas del cortejo de Peitho, la diosa de la persuasión. Los hombres que la utilizan necesitan del foro, de la plaza, del lugar concurrido donde puedan ser escuchados y replicados. El amar es de este género de cosas aparentes y frágiles.

En el dialogo Banquete , de Platón,  se pone en evidencia el juego de la seducción que es propio del amor y que funciona con la misma fuerza de embrujo que la voz de las sirenas:

“ Por fuerza-dijo Alcibíades- me alejo,   huyo con los oídos tapados como si de las sirenas se tratase para no estar obligado a envejecer  sentado a su lado”  (5)


Para muchos esta presencia del otro, que concurre en la apariencia, en la opinión, en el amor mismo como vemos, es un singo de inautenticidad o de vivencia de lo inferior. Olvidan que la etica misma pertenece a ese ámbito.

“ Pensar, o representar  conceptos morales es, a su modo, hacer presente al otro” (6)

No sabría situar al enamorado en la plaza pero desde luego no puede vivir en el desierto. No conozco a enamorado ni enamorada  que no tenga una extrema preocupación por su vestido, y su apariencia con lo que ser más amado por la amada y viceversa. No conocemos  ningún enamoramiento del raído  Diógenes.  El joven  Werther cuidaba sobremanera su famoso vestir de chaquetilla azul y chaleco  amarillo. El  juego amoroso es un enredado juego de apariencias y complicidades, de entendidos-malentendidos  y engaños, retoricas y seducciones,  que trae su propio lenguaje sumamente artificioso y convenido por  dos entre refinamientos y alusiones   y no es un enfrentamiento  bruto de franquezas.
El sentimiento del amor es uno de los mas expresivos de la finitud y desvalimiento de lo humano, siempre necesitado e insuficiente. Es absolutamente imposible imaginar  al Dios del amor que se pretende en algunas religiones sin que de inmediato me venga a la mente que el hombre ha creado a Dios a su imagen y semejanza. El principio de la fe en estas religiones  es siempre el  mismo. La creación de Dios por el hombre con los sentimientos humanos más propios e íntimos. Se le pone amor como se le pone voluntad cuando nos damos cuenta de nuestra limitación en ambos sitios.

“Quien no sabe poner voluntad en las cosas, cree que ya hay en ellas dentro una voluntad. Es el principio de la fe” ( 7)

La voluntad, como el amor, es una extraordinaria y formidable concienca de  carencia propia del humano. La voluntad conlleva a una conciencia carencial pues no podemos cambiar el mundo  como quisiéramos, ya que es ajeno a nosotros e indiferente. El amor  del mismo modo es siempre un estado carencial pues necesita una referencia a otro.

“Pensad en un Dios  todo lo autónomo e independiente  como querais, desde el momento  en que pongáis en él  amor,  ponéis en el  una necesidad·” (8) 

El amor, como toda la vida afectiva, entonces, crece  en el campo de la finitud del humano. Por eso los afectos no pueden estar regidos por la negación de todo límite. El amor es la máxima expresión del conocimiento y aceptación de límites. Sin ello, las ideas de vinculación y compromisorio que comporta se desmoronarían en favor de una voluntad de poder sin barreras. Por eso el amor “romántico” puede desembocar en dominación. Es curioso, por paradójico, que en neustra costumbres amorosas, sean compatibles en la pareja las declaraciones de amor absoluto e ilimitado, con lamentables  situaciones de exigencia de dependencia y obediencia y hasta  violencia de género. Es lo que tiene cuando se introduje lo absoluto en los lugares en que la contingencia y desvalimiento son más vivos: la falacia se desorbita y actúa  contra el ser humano    

 El lugar del amor es  como todos los lugares del aparecer, de lo intersubjetivo en lo que uno cuenta en los ojos del otro, también el de la de la seducción hechizo, de la persuasión y   encantamiento, como un foro de dos donde cuenta esa  seducción y  persuasión porque se necesita el mismo reconocimiento y presencia para  poder existir.

Llegados a estas semejanzas no puede extrañar una audacia habitual en el discurso político de la Grecia democrática como era la de asimilar  la dedicación ciudadana a la polis como un amor. En el famoso discurso fúnebre de Pericles relatado por Tucidides., el orador exhorta a todos a los ciudadanos de Atenas a:

 “ser amantes de ella” (9)
 
Esta expresión, la de “convertirse en amante de la ciudad”, parece ser una expresión estandarizada  que habitualmente era utilizada por los políticos atenienses. Probablemente esta frase haya sido parte del lenguaje de  moda ateniense, es decir, de aquella manera de expresarse ligada al lenguaje político oficial del que Platón hace una parodia en el discurso de Menexemo (10) .Es un lugar común en el discurso político griego que el buen ciudadano sea un “amante” de la polis (11)

Encontramos esta expresión parodiada en la comedia Los Caballeros de Aristófanes cuando el personaje del Morcillero le relata a Demo, que representa al pueblo ateniense, cómo era engañado por los políticos:
 
“Morcillero – En primer lugar, siempre que alguien decía en la Asamblea: ‘¡Oh! Demo, estoy   enamorado de ti, te quiero y soy el único que cuida de ti y vela por tus intereses’; siempre que alguien hacía este proemio, agitabas las alas y erguías los cuernos.
Demo- ¿yo?
Morcillero-A cambio de esto, se iba después dejándote engañado.
Demo- ¡Qué dices! ¿Me hacían eso y no me daba cuenta?” (12)

No por  estandarizada , la imagen es menos ilustrativa, y Aristofanes y su engañado y seducido demos es el ejemplo más elocuente de que la política, cuando tiene en cuenta lo público , se asimila al juego de los amantes, es decir al mundo de lo intersubjetivo mas intimo donde encuentra su fundamento.


Pero no voy a seguir por este camino  porque  abuso en su recorrido de la postura antirromantica que he de confesar que adopto   respecto al amor. Sin embargo he de reconocer que la literatura  que ha inspirado los amores proporciona un bellísimo y extensísimo catálogo de metáforas que contiene el discurso amoroso.  La metáfora es la manera humana propia de decir lo indecible y de describir la realidad desviándose de ella  por otro objeto que la sustituye. Pensar y hablar en metáforas es la manera más humana  de sobrevivir ante la cruel indiferencia y total olvido de nosotros del mundo real, de la naturaleza y del cosmos en que vivimos. Completamente desvalidos de sentido, tenemos que alimentarlo con un mundo que si nos sea favorable y  que de legitimidad a lo que nos rodea.


Es precisamente en un momento agudo de conciencia de nuestra indefensión y finitud cuando más necesitamos del arma de la creación de símbolos que nos sostengan. Por eso en el enamoramiento se multiplican particularmente las imágenes y figuras. Por eso  el amor es un  lugar privilegiado para la poesía.


Roland Barthes ha escrito un erudito y exhaustivo repertorio de bellísimas metáforas que hacen el  cosmos amoroso hasta hacer de él  un discurso, es decir un hogar vivible.  Él lo llama “figuras”  y recopila las metáforas con las que  describirnos históricamente  ese hogar. En su “ Fragments d´un discorus amoureux (13) , se van haciendo  presentes  las figuras del ausente,  del adorable, del naufrago, del perdido y destruido,  del pasmo, de la exageración, de las lagrimas, la noche y el dia, el amanecer y el crepúsculo. El exilio, el buque fantasma, el vestido, la locura, el éxtasis, el corazón, la espera,… todas las formas simbólicas que nos sirven y han servido  siempre en  el amor.


La retórica sobre el enamoramiento es extensísima y no solo la conocen lo críticos de arte y eruditos, sino que cada uno de nosotros la ha experimentado contándosela a uno  mismo. Pero donde  se hace más patente es en la situación del enamoramiento implicado en el amor imposible porque es ahí, en lo que tomamos conciencia de lo que es imposible,   donde se manifiesta con agudeza  la limitación  humana y la finitud de su existencia. Precisamente de esa finitud nace  la actividad humana de productora de sentido donde no lo hay.  Dar sentido es contrariar la  exposición constante a neustra situación de continencia.


El amor imposible es la exacerbación de la retórica  y de la   metáfora. Símbolos, metáforas,  todos son instrumentos de la retorica y consisten en  poner un objeto en lugar de otro. Si el modo de estar del hombre en el mundo es retorico, en el amante esta necesidad se hace más acuciante que en ningun otro caso.  Hacer  retórica, es dar la vuelta a las cosas, es decir no abordarlas. Es lo propio  del dudoso, del incierto, un modo de habérselas con la realidad. En el amor estamos  fuera de todo arrasar e imponer y vamos por la via del seducir, cortejar, persuadir, adornar. Es en el contexto de  lo intersubjetivo la verdad se construye y se disfraza y se hace retórica. Como cosa propia de ese terreno,  el amor, es el sitio del más bello discurso y más plagado de símbolo , retórica y metáfora.


Así pues, la hermandad que antes aludía entre la política y el enamoramiento no sería solo una reacción   de intención desmitificadora del amor romántico sino que  tiene un fundamento que  comparten sofistas y enamorados. El más incapaz de todos los enamorados sería el Sócrates  de Platón del Fedro que despreciando a su amante proclama que lo que se ama del amante no es él, ni siu persona circunstancial y contingente , sino la idea de la  belleza, especie suprema a la que se aspira si se está  noblemente inspirado y  de la que el pobre y desairado  amante no es más que un pobre  médium transmisor que nos  provoca a elevarnos por encima del individuo amado para alcanzar la idea misma de la que él no es sino una pálida sombra.(14). El amor, sinj esa sublimación no es sin expresión del desorden y tumulto de nuestras vidas empíricas .El eros, para Platón, incorpora a la existencia una actividad vulnerable y carente de estabilidad y’ por ello  según la Republica, bastaría para rechazarlo como bien. (15)  Al mismo tiempo sabemos que Platón era el más incapaz de los políticos, al mismo tiempo que el más enemigo a los sofistas y el más reaccionario antidemócrata. Por cierto, ese mismo Platón expulsaba a los poetas de su república por mendaces. (14)Todo ello se une a que atribuye a su Sócrates la más cruel de las resistencias a la llamada del amor como si esa  actitud de negación  fuese una   virtud superior.

  Apariencia y mirada, seducción, retorica, metáfora, contingencia y fragilidad,  finitud, duda, opinión, promesa,  poesía, enamoramiento, política,…   Las piezas  de un puzle que parecía  un paisaje inexplicable y contradictorio van encajando extrañamente.   
(1).-Dante Aligheri.- “ el amor que mueve el sol y las otras estrellas”   Divina comedia” El paraíso, Canto XXXIII, versos 142-145
 (2) Victor Klemperer.- Die  unbewaelthgte Sprache.-Munich) ciado por Feyerabend”· Contra el método”.-Edt. Orbis.- 1984 Basrcelona p. 135
(3).-Empedocles.-Fr  1º5.-  485 de Kirk y Raven “ La filsoofia presocrqatica”.-Gredos 1970
(4).-Hans Blumenberg .-
(5) Platon.-Banquete  216
(6) Hannah  Arendt  Entre le pasado y el futuro. Barcelona Penisula 1996. p 285
(7) Nietzsche.-Crepúsculo de los dioses.
(8). Feuerbach
(9).-Tucidides.-Historias.-II,43
(10).-Platón.- Menexemo
(11).-Platón.-Alcibíades 132 a
(12).-Aristófanes.-Los caballero
(13).-Roland Barthes.-“ Fragments  d´un  discours  amoreux”.-Edit. Du Seuil. Parios 19776
(14).-Platon .Banquete.Alcibiades.Fedro
(15).-Para un análisis  muy esclarecedor y minucioso de la problemática del amor en Platón. Martha Nusbaum.-“La fragilidad del bien ”.-A.Machado Libros SA.-Madrid 1995

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